El Hojalatero de Riobamba

Arcángel Valdiviezo forma parte de la 4ta generación de riobambeños dedicados a la conservación de una técnica artesanal en peligro de extinción: la hojalatería. En la calle Olmedo y la Av. Eloy Alfaro puedes visitar su taller.
 
 
 
 

Arcángel Valdiviezo - Armev

A inicios del siglo XX en las calles del barrio de Santa Rosa, el bisabuelo de Arcángel, Don Valentín Valdiviezo mantenía con éxito su taller de hojalatería, en esos años el trabajo de los Valdiviezo era altamente demandado: litreros (utensilio para medir un litro), tinas, recogedores de aguas, embudos, ollas, baldes y faroles formaban parte de las herramientas de uso cotidiano de los riobambeños.

Ya para 1940, el abuelo de Arcángel, Don Octavio Valdiviezo había tomado la posta del taller de hojalatería que, gracias a la devoción de la familia al Niño Rey de Reyes, había ampliado su gama de productos a la elaboración de urnas, custodias y otros accesorios litúrgicos. Fue esa misma devoción la que, por otro lado, hizo que los Valdiviezo acuñaran una hermosa tradición que persiste hasta nuestros días, la máscara de lata, que forma parte del atuendo del famoso Diablo Sonajero, uno de los varios personajes del Pase del Niño Riobambeño.

Taller ARMEV. Fue en el taller de su abuelo en la García Moreno y Chile, donde Arcángel tuvo su primer encuentro con el oficio, recuerda bien que su abuelo era muy celoso de su técnica, tan celoso que había decidido no enseñar su oficio a sus nietos. Arcángel recuerda con claridad, cómo fue ese encuentro.

Siendo muy chico, sintió fascinación por un utensilio en particular, se trataba de las uñetas, unos artefactos que servían para tomar una muestra de los sacos de granos. La fascinación de Arcángel, que miraba de lejos el uso de esta herramienta, se debía al mecanismo que hacia posible que, en un solo movimiento, la uñeta perforará el saco para capturar una muestra. Como todo buen niño, en una tarde, a escondidas de su abuelo, Arcángel tomó una de esas uñetas y la desarmó. A la alegría de descifrar el mecanismo de este artefacto, le siguió la angustia de esconder su travesura, no quedándole otro camino que volver armarla. Tanta sería su angustia que en esa madrugada terminó haciendo 2 uñetas más.

Su abuelo nunca se enteró de esta travesura, como tampoco se enteró que Arcángel seguía cada uno de los pasos de su abuelo, aprendiendo de lejos el arte de repujar, de machimbrar y de unir las láminas de la hojalata.

El padre de Arcángel, Don Juan Benigno no alcanzó a aprender por completo el oficio y con la crisis bancaria de los 90 migró a España junto con sus hijos. Bilbao fue el nuevo hogar de los Valdiviezo y ahora en esas calles, Arcángel recordaba con nostalgia su sueño infantil de ser hojalatero.

“De lejos” así era como el destino había decidido que el amor de Arcángel por la hojalatería sería, “de lejos” como cuando aprendió el oficio de su abuelo, “de lejos” como cuando la crisis bancaria le había llevado a Europa, “de lejos” como cuando el plástico volvió obsoleta a la hojalatería.

Pero ese designio de los dioses, no convenció a este riobambeño que se las ingenió para acortar las distancias, ya para el 2012 los Valdiviezo regresaron a Riobamba y sin titubeos, Arcángel armó un taller, claro está, de hojalatería. Una hojalatería en pleno siglo XXI suena a locura, pero para Arcángel sonó aun reto que poco a poco va venciendo. Hoy los litreros, tinas, recogedores de aguas, embudos, ollas, baldes y faroles son miniaturas que comercializa como recuerdos. Hoy con la declaratoria del Pase del Niño Riobambeño como un patrimonio cultural de la ciudad, las máscaras de lata del Diablo Sonajero, tienen más vigencia que nunca.

“De cerca” ese fue el destino que Arcángel decretó para su vida, acercando su oficio a su hijo que ahora se encarga de los diseños de las máscaras y artesanías, acercando a los riobambeños a esta tradición que desde siempre les pertenece, acercando los sueños de su niñez con el noble oficio que hoy le permite educar a sus hijos. Armev es el nombre de su taller.

¡Yo he preferido hablar de cosas imposibles, pues de lo posible, se sabe demasiado!

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