La Casa del Ferrocarril, un palacio de la Antigua Roma en el centro de Riobamba

Esta soberbia mansión fue construida en 1917 por el acaudalado terrateniente riobambeño Nicolás Vélez Guerrero.
 
 
 
 

La edificación se levantó sobre planos trazados por los hermanos Paolo y Antonino Russo, arquitectos italianos que construyeron algunas edificaciones importantes en Riobamba.

Parte del Patrimonio arquitectónico de la ciudad, esta señorial construcción de sobrio estilo neoclásico, se levanta en el centro de la ciudad y tiene una historia interesante.

Nicolás Vélez Guerrero era un rico hacendado riobambeño, dueño de extensos latifundios en la Provincia. Algunas de sus propiedades fueron las haciendas de Pull, Alao y Etén. También era propietario de la hacienda La Trinidad, junto a la ciudad. En 1915 las Autoridades del Colegio Maldonado llegaron a un acuerdo con Nicolás Vélez para levantar en La Trinidad el nuevo edificio del Colegio Maldonado, pero el proyecto no se concretó. En 1924 la Hacienda fue adquirida por los hermanos Levy para levantar en este lugar un grandioso proyecto que incluía una ciudadela tipo europeo que se denominó Bellavista.

Nicolás Vélez Guerrero, participó activamente en la vida social y política de la ciudad, en 1915 fue Concejal y en 1918 Presidente del Concejo de Riobamba. En 1935 ocupó la Gobernación de la Provincia.

En 1938, esta casa pasó a manos de la Compañía del Ferrocarril del Sur. Su dueño, aceptó una cantidad simbólica de dinero, pero a cambio solicitó que una de las estaciones del tren lleve su nombre. Efectivamente, la estación de la hacienda Totorillas se denomina “Vélez”.

Durante la época de oro de los ferrocarriles en esta casa había un excepcional movimiento y su interior era un crisol de actividades varias en donde se respiraba vitalidad y trabajo.

La Empresa de Ferrocarriles instaló en esta señorial mansión la Gerencia Administrativa y de Transportes. También funcionaba aquí la Oficina de Teléfonos y Telégrafos, adicionalmente, la Empresa mantenía aquí un bien provisto Dispensario Médico para la atención de los trabajadores del ferrocarril y de sus familiares. En su patio posterior (que llegaba hasta la calle Cinco de Junio), se instaló el famoso Club Ferroviario, grandioso escenario para eventos sociales, que incluía, además, una cancha deportiva de uso múltiple. El Club Ferroviario es uno de los más gratos recuerdos de los riobambeños. Amplio y elegante, por su pista desfilaron las mejores orquestas musicales de Quito y Guayaquil contratadas para amenizar los grandiosos bailes de gala que aquí se realizaban. Eran tiempos de bonanza.

Aún está fresca en la memoria de los antiguos riobambeños el recuerdo de las populares y concurridas Oficinas de los Teléfonos y Telégrafos del ferrocarril. Hoy en día, con las modernas tecnologías, resulta sencillo y rápido hacer una llamada de larga distancia, pero en esos tiempos efectuar una llamada a Quito o Guayaquil era todo una odisea. La gestión se iniciaba enviando un telegrama a la persona requerida, indicándole el día y la hora en que debía acercarse a las oficinas de los teléfonos de su ciudad para hablar. Ese día, y luego de paciente espera en la oficina de teléfonos, la operadora anunciaba en alta voz tu nombre y el número de la cabina para que puedas hablar con tu familiar que se encontraba en una cabina similar de Quito o Guayaquil. El servicio era un tanto deficiente y tenías que gritar para que te escuchen al otro lado de la línea, tal es así que toda la ciudad se enteraba de tu conversación.

Esta singular edificación, parte importante de la historia de Riobamba, se encuentra actualmente abandonada y en franco proceso de deterioro. Exijamos a las autoridades una urgente intervención para la recuperación de este bien patrimonial.

  • Fotografía: Foto Estévez, tomada de la página fraterna La Riobambeñidad.
  • Fuente: Edwin Chávez Medina
Compartir: