La huella de los “Gran Cacao” en Riobamba

Fueron la familia más rica y poderosa del Ecuador. Dueños de 59 haciendas cacaoteras en Guayas y los Ríos, los Aspiazu Carbo fueron durante un tiempo los mayores exportadores de cacao del mundo.
 
 
 
 

¿Qué debes saber?

Fueron la familia más rica y poderosa del Ecuador. Dueños de 59 haciendas cacaoteras en Guayas y los Ríos, los Aspiazu Carbo fueron durante un tiempo los mayores exportadores de cacao del mundo.

Durante la bonanza cacaotera, los Aspiazu acumularon una inmensa fortuna que les permitió disfrutar de lujos inimaginables para un simple mortal. A más de sus inmensas propiedades agrícolas, los Aspiazu eran dueños de un banco en Guayaquil que emitía su propia moneda; incursionaron además en negocios navieros, inmobiliarios y de medios impresos. A los vástagos de la familia solían mandarlos a estudiar en Europa y era común los paseos por París de los demás miembros.

Los Aspiazu junto a otras poderosas familias cacaoteras (Seminario, Puga, Caamaño, Morla) fueron llamados “los Gran Cacao”. Estos grupos que ostentaban el poder económico del país, se propusieron adueñarse también del poder político y utilizaron a Eloy Alfaro para este fin. Gobernaron casi sin oposición durante cuatro décadas, poniendo y sacando presidentes a su antojo.

Allá por la década de 1920, cuando el ferrocarril colocó a Riobamba en el centro del desarrollo del país, cientos de familias guayaquileñas arribaban a la Sultana huyendo del crudo invierno costeño. Los guayaquileños escogieron a Riobamba por la facilidad que prestaba el ferrocarril y por las bondades de la ciudad. Una de estas familias fue precisamente la de los Aspiazu Carbo. En Riobamba los Aspiazu compraron una manzana entera de terreno en un lugar céntrico de la ciudad. Aquí levantaron una inmensa casona de esquina a esquina. La construcción de una planta, que recuerda la arquitectura típica guayaquileña, tiene un torreón en un extremo, a manera de castillo medieval.

A esta solariega casa arribaban todos los años, durante la temporada invernal, los numerosos miembros de la familia. La inmensa casona disponía de todas las comodidades inconcebibles para la época. La parte posterior de la casa era una bien cuidada huerta con un bosque de árboles centenarios.

La cabeza visible del clan en Riobamba fue Miguel Aspiazu Carbo quien dirigía los negocios de la familia. Miguel Aspiazu se educó en Europa, culto e ilustrado, dedicaba su tiempo libre a la investigación histórica. Estas investigaciones le llevaron a afirmar que la ciudad de Santiago de Quito que los españoles fundaron en la llanura de Liribamba es la misma que Benalcázar traslado posteriormente a Guayaquil y que luego fue fundada definitivamente por Francisco de Orellana. Teoría muy discutida por cierto.

Luego de la Revolución del 28 de Mayo de 1944, Miguel Aspiazu Carbo fue perseguido por el nuevo gobierno y tuvo que exiliarse en Lima. Fue por esta época que el gobierno adquiere por intermedio del Municipio, la antigua Casa Aspiazu con todo su menaje y mobiliario. En el inventario de bienes adquiridos se habla de una bodega de vinos, una vajilla de 300 piezas de porcelana, peinadoras con tableros de mármol, carruajes para paseo en caballo, etc.

El Municipio de Riobamba entregó la Casa Aspiazu a la Federación Deportiva del Chimborazo. Aquí funcionaron durante varios años las oficinas administrativas de la FDCH, también se adecuó en su interior un gimnasio en donde se practicaban algunas disciplinas deportivas como boxeo, lucha libre, etc. En cambio, en la inmensa huerta ubicada en la parte posterior, se construyó un Coliseo de deportes que sirvió por muchos años para espectáculos de variada índole, este primer escenario fue desmontado posteriormente para dar paso al monumental Coliseo Teodoro Gallegos Borja.

La solariega “Casa Aspiazu”, silente testigo de una época histórica de la ciudad y el país ha sido rescatada y es hoy parte del patrimonio histórico y cultural de Riobamba.

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