Ángel Lara Noriega: Locutor y periodista hipnotizado por la radio

Periodista y comunicador que inició su trabajo en 1963 estudió en la escuela Simón Bolívar que tenía dos sitios de funcionamiento la una en el barrio La Panadería y el otro local diagonal a la casa El Delirio, Primera Constituyente y Rocafuerte.
 
 
 
 

Eran tiempo donde el recreo se lo hacía en la calle, frente a la escuela, recuerda muchas Quintas que estaba sobre la entonces plaza Román, hoy el Gobierno de la Provincia de Chimborazo, Ese sector se le conocía como el Aljibe.
La actividad y movimiento de la ciudad se centraba en la Estación del Ferrocarril que era parte de su día a día por la cercanía de la escuela donde estudiaba. “Los comerciantes viajaban en el tren los lunes, miércoles y viernes su destino las ferias de Guayaquil, Milagro y Yahuachi los productos se concentraban en la desaparecida Plaza General Román.

Las clases de educación física se hacía en una explanada y eran momento interminables de diversión Angel recuerda con mucha gratitud la colación que consistía en un guineo y la palanqueta fresca de la Vieneza, esto lo daba el Municipio de Riobamba, pues en ese entonces la educación era municipal.
Este periodista recuerda que se escribía en pizarras de piedra (grafito) que se las compraba en las librerías y eran unas piezas que estaban enmarcadas con madera, un borrador de tela se llevaba siempre y el agua permitía borrar y corregir. “Luego llegaron las plumas y el canutero, con tintas negra, azul y roja, la caligrafía era con letra inglesa”, asegura.
Tiempos de juegos interminables como el “sin que te roce” o los billusos, las chantas, bolas y ñocos, rodando una llanta, “alegando y ganando”, pero felices en una ciudad donde la mayoría de calles era de tierra.
Estudió en el colegio Maldonado y fue parte de su estudiantina, cantaban temas de Leonardo Fabio como: el Amanecer y la espera, Ella ya me olvido, Ni el clavel ni la rosa entre otros.
La radio era toda una novedad y en el caso de Radio Mundial, como otras emisoras grandes de Quito y Guayaquil, se contaba con un auditorio para que el público pueda disfrutar de las presentaciones en vivo, en la programación de ese entonces estaban los famosos hipnotistas, Fasman trabajaba desde la radio y tenía en el mentalista Magacan que trabajaba en otra emisora a su archirrival.

Un día fue Angel como voluntario para ser parte del experimento “La verdad Fasman nunca me hipnotizó, pero en cambio me hipnotizó la magia de la radio y las cosas que allí pasaban”, cuenta entre risas.
Muy jovencito a los 15 años llega a radio Mundial de la familia Encalada Garzón “Como era en ese entonces empecé barriendo el auditorio de la estación radial y empezó una etapa maravillosa de aprendizajes y amigos”, recuerda. El querido “Chachita”, que manejaba los controles de la radio, fue muy generoso en enseñar el funcionamiento de la consola y los equipos.
La radio, según señala Lara, estuvo ubicada primero diagonal al Municipio de Riobamba, luego en la calle Guayaquil y Carabobo, frente a la tradicional clínica Santa Cecilia pata finalmente pasarse a su local propio frente a la Estación del Ferrocarril
Las radios tenían dos cabinas, una de locución y control la referencia para las emisiones estaban en el tradicional foco azul para salir del aire y el foco rojo para nuevamente estar con las audiencias.
La publicidad se la guardaba en folders para las cuñas que se pasaba cada 15, 30, 45, 60 minutos. Se leía las publicidades y Ángel sin problema locuta una de ellas, con una voz que llena el espacio de la entrevista: “Yocohama las llantas que rueda y rueda, en las carreteras ecuatorianas”.
En ese tiempo, a través de la radio, se daban mensajes musicales para una infinidad de eventos: matrimonios, bautizos, santos, Día de la Madre o del Padre, cumpleaños al terminar la conscripción, en una ruptura amorosa, se pagaba por disco puesto al aire y referido la dedicatoria, tres, seis 9 o más eran pedidos y se cancelaba entre dos y cinco sucres.
Siempre la música nacional era la más solicitada, temas como “Para ti Madrecita” de Julio Jaramillo, era el regalo en el Día de las Madres y el fox incaico “Collar de Lágrimas” propicio para el joven que iba a cumplir la conscripción militar, se sumaban san juanitos, pasillos, yaravíes y también se solicitaba la música mexicana.
Los discos de 78 revoluciones por minuto y que eran de grafito se tocaban en la tornamesa, el propietario de la radio compraba caja de agujas pues en cada disco se cambiaba para que pueda escucharse el tema.
Los discos de acetato, según recuerda Noriega fueron lanzados luego por la Industria Fonográfica Ecuatoriana S. A. (IFESA) y fueron toda una revolución para su uso y claro con más calidad en el sonido.
La emisora pionera de la radiodifusión en la ciudad tenía la primera grabadora de cinta era marca Philips de cinta y en esa se reproducían las radio novelas donde las voces de Ángel Chávez y Blanca Salazar considerada la mejor voz del Ecuador en la radio, marcaban el día a día de los riobambeños con historias como las de Kadir el Árabe, El derecho de nacer, Chucho el “roto”, entre otras.

“Era una sintonía tremenda con este tipo de radios novelas los radioescuchas lloraban y seguían paso a paso las incidencias, esperaban la hora de transmisión con mucha expectativa, la radio era fundamental en la casa y hogares riobambeños”, asegura Ángel en medio de la nostalgia.
Toda esta época de oro de la radiodifusión compaginaba con lo novedoso del cine en la ciudad mirar las películas en los teatros Roxi, Maldonado, Salesiano, Imperial que era parte del entretenimiento del riobambeño mirando películas mexicanas.
Tuvo en Jorge Moncayo y Pablo Narváez a dos maestros para aprender la locución que en ese entonces era un arte, “el desafío era poder tener un estilo que marque tu trabajo, costaba aprender la respiración diafragmática o desde el estómago para así mantener la voz, que debía además ser modulada” dice.
Recuerda con mucho aprecio a compañeros de radio como Delfín Guerra, Jaime Moreno, Víctor Hugo Moreno, Enrique y Luis Aliaga, de Radios como la Voz de Riobamba, Alerta y Prado. La cita con ellos era cerca de la media noche cuando apagaban la radio y cerraban las instalaciones, el punto de encuentro en la 10 de agosto y Carabobo donde el recordado Señor Reyes vendía las papas con salchicha.
Las canelas de Mamá Tilli, que funcionaban en el hotel Acapulco, calentadas en un fogón que estaba en la acera y servida en las botellas personales de una gaseosa y se servía como “una cuarta”, calmaba el frío de la noche y se complementaba escuchando la rockola de donde salían los temas de inmortales como Julio Jaramillo, Carlota Jaramillo, los Hermanos Miño Naranjo, Javier Solís, Jorge Negrete, Antonio Aguilar, Leo Dan, Leonardo Fabio, Los Terrícolas, Leo Marini, la Sonora Matancera, Daniel Santos y otros.
De su trabajo periodístico guarda una anécdota muy especial, el país se estremeció al conocer la historia de Pedro Alonso López a quien se le denominó como el “Monstruo de los Andes”, autor confeso de haber violado a más de 100 niñas en Ecuador y una cifra similar en Colombia y Perú, Ángel trabajaba en el Semanario La Verdad y contó la noticia de que estaba detenido en Ambato, donde le capturaron con la intervención de varios ciudadanos cuando éste intentaba secuestrar a otra víctima. Lo paradójico fue que tardaron en saber de quien se trataba, desconocían que era el violador buscado durante años incluso por la policía internacional luego con una frialdad estremecedora, el criminal llevó a varios agentes de la policía nacional, al sitio donde descubrieron los cadáveres de 53 muchachas, de edades comprendidas entre ocho y doce años. "A mí me caen bien las muchachas en Ecuador, son más dóciles, confiadas e inocentes, no son como colombianas que sospechan de los extraños, perdí mi inocencia a la edad de ocho años, decidí hacer lo mismo a cuantas muchachas jóvenes pudiera", decía parte de su confesión, Alonso López justificó sus asesinatos por una adolescencia solitaria y lleno de abusos.

Él pudo entrevistarlo en la cárcel y referir a tan atroz personaje, un diario nacional pidió poder escuchar la grabación para poder sacar la noticia que causó revuelo en el país, pasó muchos años y un canal británico vino a buscar la historia de uno de los más grandes delincuentes de la historia del continente sólo el archivo personal de Ángel permitió producir un buen documental, una copia de lo realizado se le envió agradeciendo por su colaboración.

Las anécdotas:

  • Las canelas donde Mamá Tilli se tomaban también con limón y sal, “la influencia mexicana de ese entonces era tremenda, llegaba también tequila de México y la música de Luis y Antonio Aguilar o Jorge Negrete, nos ponían sentimentales” dice Ángel.
  • Don Galo Encalada, propietario de Radio Mundial, bajaba a escuchar sobre las siete de la noche la música nacional que se programaba y siempre le pedía el pasillo “La Angustia de Vivir” de los Hermanos Miño Naranjo.
  • La actriz mexicana Lupita Ferrer que actuaba en la Novela Esmeralda era muy querida y admirada y Ángel Noriega tuvo la suerte de presentarla en varios escenarios del país en una gira que realizó
  • Se producía también en Riobamba radio – teatro, auspiciado en ese entonces por una conocida gaseosa.
  • Fue el animador de los eventos que organizaba la empresa Proveedores uno de ellos trajo al famoso Julio Iglesias a quien sostuvo el paraguas para que se presente en medio de una pertinaz lluvia.

 

Fuente: La Riobambeñidad

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