Gonzalo Mendoza: viviendo entre la muerte

Gonzalo Mendoza, gerente y propietario de Funerales Mendoza, pertenece a la tercera generación que administra estos servicios funerarios
 
 
 
 

Se define como un legítimo “cuto santa roseño”, su vivienda y negocio siempre han estado en el tradicional barrio de Santa Rosa.
Lo inició su abuelo José Mendoza Fernández, continuo con su padre Segundo Mendoza Sanipatín y claro, Gonzalo Mendoza Llerena, aprendió todo lo concerniente al negocio y ha preparado la empresa para que tomen la posta sus hijos, pues ahora es una compañía limitada, por lo cual una cuarta generación está involucrada. “Si Don Gonzalo cualquier momento se muere, no pasa nada, la empresa sigue” dice con humor.
Su madre Margarita Llerena trabajaba en la fábrica Calero, incluía el denominado “sábado francés”, una jornada extendida para quienes querían asistir el fin de semana y ganar un dinero extra, Gonzalo acompañaba en este día de trabajo a su progenitora y le ayudaba a pegar los ojales.
Era el tiempo de esplendor de la fábrica Calero, del guayaquileño Evagelista Calero, que producía zapatos que copaban el mercado nacional e incluso se exportaban a Perú, Colombia e incluso Estados Unidos, la empresa tenía almacenes en Guayaquil y Quito.
Hoy, apenas el denominado castillo Calero, de propiedad del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, sobrevive como símbolo de ese imperio económico que terminó por una mala administración de herederos y ocupaba extensas zonas junto al estadio Olímpico de la ciudad.
“Mi madre desde niño me enseñó la virtud del ahorro y claro esas jornadas de trabajo en fin de semana me las pagaba con un par de zapatos que era todo un lujo llevarlos puestos” indica Gonzalo, que recuerda a su mamá como una persona que marcó su vida con enseñanzas, cariño y ejemplos a tomar.
Estudió en el colegio Salesiano y en doble jornada, “era un proceso agradable con los padres salesianos, los deportes se cumplían en la tarde y lo académico en la mañana, en realidad pasábamos bonito”, dice Gonzalo.
Estuvo involucrado en el trabajo familiar desde los diez años, su padre trae en 1966 la primera carroza motorizada para el cortejo fúnebre, antes se lo hacía en carrozas talladas en madera y aladas con caballos. “fuimos los primeros en traer esta innovación, que llamaba mucho la atención, más cuando muy jovencito yo manejaba ese vehículo”, indica.
Su padre viajaba por el negocio de forma permanente a la capital, terminó siendo muy amigo del Sr. Jaramillo propietario de la desaparecida Funeraria Quito, ubicada en las calles Cuenca y Mejía, allí se asesoraba en las mejoras que debía tener el negocio y le vendieron el primer vehículo que sirvió como carroza. En 1968 se abre la primera sala de velaciones de la ciudad confirmando la evolución de servicios funerarios.
En esos viajes, donde además se visitaba a los proveedores de cofres, Gonzalo aprendía los detalles mínimos del negocio familiar. “Esa fue mi escuela de aprendizaje, cada viaje conocía algo más” señala. Explica que salían a las seis de la mañana para estar en Quito al medio día, hacer los trámites y llegar a la noche, viajes largos de seis horas en carretera empedrada, con paradas largas en Ambato y en unidades no muy cómodas era parte del trabajo.
“Buscábamos los ataúdes en lugares apartados de Quito, se debía conseguir el transporte y era toda una aventura aquello, por la década de los 70 empezaron a producir cofres en Riobamba lo que reducía esos viajes, pero siempre se visitaba la capital para ver cómo se innovaba el negocio” explica.
Su familia también es parte de una tradición religiosa de Riobamba a través de la veneración que tienen fieles, no sólo de la ciudad sino del país e incluso el extranjero, a la imagen del Niño Rey de Reyes, cuyo oratorio está ubicado en las calles García Moreno y Chile y cada año se viste de fiesta.
Don Javier Mendoza su bisabuelo tenía un hijo del mismo nombre que residía en Quito, pero confió en su nieto Segundo Mendoza para que reciba la imagen y puede seguir manteniendo la festividad y devoción a la imagen. “Si le doy al ñatito (hijo) se perderá la fiesta y eso no quiero que pase”, habría dicho el propietario antes de dar este encargo religioso.
“Mi padre tomó ese pedido con mucha devoción, le dieron el Niño Rey de Reyes con escritura y se entregó de lleno a cumplir cada año esta festividad que nace en el barrio de Santa Rosa y se constituye en la fiesta más grande de devoción y fe en la ciudad”, indica Gonzalo.
Desde 1995 Funerales Gonzalo Mendoza están en la calle España, sirviendo a la comunidad; estar cercano al dolor de la gente, que no comprende el alcance de la muerte hace que el negocio no sea fácil y termina involucrando en la pena a quien lo administra.
Los servicios funerarios actualmente son infinitos y con diferentes servicios, la innovación es clave en el negocio y eso lo mantiene, ha viajado al extranjero para traer nuevos productos, implementos, recomendaciones y servicios. Tiene por ejemplo la sala VIP, que da un servicio, más funcional y cómodo, con parqueadero exclusivo en una atención más personalizada.
Está casado con la manabita Angelita Acevo a quien conoció en uno de los tantos viajes que realizaba a la provincia de Manabí por negocios, alguna vez llegó a entregar cofres mortuorios en Portoviejo y Manabí, en una parada en Jipijapa, en la funeraria de Gonzalo Ponce, conoció a quien es su esposa y desde allí han pasado treinta años de matrimonio, tiempo en el que procrearon tres hijos: María de los Ángeles, Margarita e Israel que son su vida y sus referentes.
Gonzalo agradece la presencia de ella en su vida y en consolidar el negocio, más todavía cuando dejó de lado su profesión como odontóloga, para venir a Riobamba, una tierra totalmente diferente a la suya, adaptarse al medio e inclusive ayudarle haciendo tapizados para los ataúdes.
Procura siempre levantarse en las madrugadas para atender a los familiares en medio de la pena de forma personal, dando consuelo y mirando que todo esté en orden, en momentos fríos y solitarios. “Soy sensible al dolor, no es necesario ser familiar para sentir esa pena, uno debe prepararse a enfrentar la muerte, que es una realidad dura pero que llegará algún momento”, señala. Así es Gonzalo Mendoza un riobambeño que vive entre la muerte.

Las anécdotas:

  • Son siete hermanos Gonzalo es el primer barón y siempre estuvo cercano a su madre que le marcó la vida y a su padre que le vinculó al trabajo, “ellos me enseñaron el respeto y el trabajo honrado” asegura.
  • Recuerda con un cariño especial a una compañera de trabajo de su madre en la Fábrica Calero, Sarita Robalino, que siempre le regalaba los chocolates de La Universal que siguen siendo sus favoritos.
  • El Tnte. José Espinoza le mandó a detener cuando manejaba la carroza fúnebre del negocio familiar sin haber cumplido quince años, “señora le estoy haciendo un favor” le había dicho a su madre mientras abogaba para que no le detengan, al final sacó un permiso especial, para que continúe ayudando en la conducción.
  • A su padre Segundo le ofrecieron a buen precio una funeraria en Quito, por el sector de la 24 de Mayo, pero decidió seguir trabajando en Riobamba, conserva su sombrero de paño café y lo recuerda como una persona sencilla y de buen corazón.
  • Gonzalo recuerda que él cuando niño se sentaba junto al conductor de la carroza que era halada por caballos mientras realiza el trabajo en el cortejo fúnebre, su abuelo lo veía orgulloso y siempre estaba pendiente.
  • La historia se repite con su nieto Carlos Cevallos, que pide acompañarlo en la auto carroza que maneja Don Gonzalo, cierto día no le llevó y el niño gritaba, en el inicio del cortejo, “no te vayas abuelito llévame contigo! llévame contigo”, muchos de los deudos comentaron “que amor del nieto para el finado ¡ni los hijos lloran así!”, sin saber que era por otra cosa el lamento.
  • Reconoce que era bueno para “tingar” las bolas que jugaba con los vecinos de Santa Rosa, le gusta la música clásica Frank Prucell y Ghandi con su vida y pensamiento es un referente para la lectura.

Fuente: La Riobambeñidad

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